Niños
Homenaje a los Maestros
A quiénes enseñan con pasión.
Maestros Aiki
Cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que los niños fueron mis más grandes maestros.
Ellos son maestros de vivir en el presente, creando la magia en lo ordinario y haciendo del juego un camino viable para estar en el mundo.
El tener tres hijos me ha proporcionado una instrucción calificada.
Cuando mis hijos eran niños, me enseñaron cómo el juego nos trae al presente.
Cuando llegaba a mi casa disperso, preocupado y molesto, allí con una gran sonrisa, sin pensar en la semana siguiente, ni en lo sucedido esa mañana.
¡Justo… ahora! Cuando Ali necesita algo, me lo hace saber, verbal o corporalmente, sin vueltas.
Cuando no quiera algo, lo hace un lado.
Todo el tiempo actúa desde el corazón. Uno no puede sino estar en el presente, cuando está con un niño.
Cuando estoy con Ali, también me he dado cuenta de que cuando mi mente vagabundea, cuando estoy ocupado por el futuro o el pasado, ella comienza a irritarse cada vez mas conmigo.
Es totalmente consciente de que no estoy en el presente.
Si estoy jugando con Ali y estoy allí con ella -ella gatea , yo gateo, ella juega con un juguete, yo juego con el juguete- ella querrá continuar. Pero cuando mi mente ya no está allí y sólo hago los gestos del juego ¿a quién engaño? A Ali, no.
Me lo hace saber de inmediato, tirándome el juguete por la cabeza o utilizando cualquier otro gesto similar y efectivo para expresar su opinión sobre mi capacidad para vivir en el presente.
No puedo pedir una mejor maestra.
Cuando lo niños aprenden a caminar, nunca se ven a sí mismos como fracasando u triunfando, cayendo y levantándose.
Cuando un niño se mueve desde un A a un punto B, lo hace con un modelo que es como arriba-abajo, arriba-abajo, arriba-abajo.
En un gráfico, el modelo se parece mucho a los delfines nadando.
Y la actitud juguetona y feliz de la criatura es tan enérgica en las caídas como cuando se levanta.
Los adultos, por su parte, cuando aprenden tareas mucho más sencillas (muy pocas veces son tan difíciles como las tareas que deben aprender los niños) a menudo lo hacen a través de modelos qué se parecen más a fracasar, triunfar, fracasar, triunfar, fracasar, fracasar y abandonar.
Los adultos a menudo tratan de aprender a concentrarse.
El niño es un maestro de la concentración.
El tratar no está involucrado.
Alguna vez observó a un niño enfocando una mota de polvo o un trozo de basura unas migas de comida en el piso?
La criatura lo mirará, se concentrará, lo tocará, lo levantará y se lo llevará a la boca.
Está totalmente ocupada. No se pierde nada de eso. Lo mantiene con el brazo estirado, se lo acerca, lo agita y se lo ofrece a otro. Su atención está allí con el objeto.
De verdad, no hay separación entre lo que el niño ve y lo que el niño es.
Está en el presente, descubriendo. Su mundo es él.
Los niños son centrados. ¿Alguna vez los observó?
Son sientan tan derechos. Su postura es un perfecto alineamiento. Están llenos de ki.
Sus brazos se sienten como si estuvieran hinchados. No se aflojan.
Si usted levanta a un niño en el aire, todo su cuerpo se mantiene como un globo inflado, lleno de energía. Todos sus miembros están llenos de ki.

Los niños están conectados y no sólo dentro de sus cuerpos.
No se ven a ellos mismos como separados del mundo.
Todo lo que ven y tocan es parte de ellos.
Están fascinados por el mundo que los rodea. Todo es mágico.
No es sólo que tengan una actitud de descubrimiento, ellos son el descubrimiento.
Esos jóvenes maestros de Aiki desean entender; está siempre abiertos y buscan explicarse las cosas. Están interesados en todo.
¿Y ser flexibles y deseosos de cambiar?
Son muy pocas las veces en que las criaturas no están deseosos de abandonar lo que sea que les ocupa, en beneficio de otra cosa.
Para los niños, lo que sea que aparezca frente a sus ojos es valioso para qué lo aprecien, merece que se adapten, qué lo examinen.
Llevamos a los niños de un lugar a otro, van con los ojos muy abiertos, deseosos de ir.
Están abiertos. Físicamente son extremadamente flexibles, se chupan los dedos de los pies, cambian de una posición a otra.
Y están deseosos de co-crear cualquier clase de fantasía, de cambiar su realidad.
esa es la forma en que un niño lo mira.
No sólo miran el cuerpo físico de usted. Miran alrededor de usted, como si controlaran su campo
de energía, su esfera de ki.
Un niño pequeño sentado ante la mesa, busca alrededor y con toda facilidad levanta una botella de leche que pesa un cuarto de lo que él pesa.
No es fuerza física. Es la ki y la intención. Son desinhibidos, se expresan a si mismos con un poderoso sentido de autoestima.
Si usted quiere aprender una lección de perdón, observe a un niño.
Un niño puede entrar a la casa muy enojado con alguien, exclamando:
“¡Lo odio! ¡No quiero verlo nunca más! ¿Nunca volveré a jugar con él!”
Y, en dos minutos, todo está perdonado.
El niño sale al cuadrado de arena y juega con el otro niño con el que se enojó, como si nada hubiera sucedido. Y nada sucedió, en su realidad.
Todo fue totalmente olvidado y perdonado, y él está con el otro niño totalmente en el presente, sin arrastrar pensamientos malos o rencores.
Los niños son los mejores modelos para la Aproximación Aiki en acción.
Es una bendición que cada aldea, cada pueblo, cada vecindario y la mayoría de las casas tengan dentro de ellas un maestro de la enseñanza para ayudarnos a movernos más allá del éxito: un niño muy pequeño. Ellos pueden enseñarnos a volver a abrir la puerta al niño que está dentro de nosotros mismos.
Thomas Crum
The magic of conflict